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Tesorería multidivisa: tres modelos comparados

Por Lucas Perales 4 min de lectura

Tesorero de una empresa compara en dos monitores los saldos de cuentas en distintas monedas para elegir un modelo de tesorería multidivisa ordenado

Una tesorería multidivisa ordena los cobros y pagos que una empresa hace en más de una moneda, y su diseño define cuánto tarda en conocer su saldo real y cuánto pierde en cada conversión. En la práctica hay tres modelos: cuentas separadas en cada banco y en cada país, un banco principal que concentra todo con transferencias internacionales, o una plataforma que conecta cuentas de varios países por API.

Cuál conviene depende del volumen, de la cantidad de mercados que se atienden y de cuánto pesa el desfase entre los cobros del exterior y los pagos locales.

Modelo 1: una cuenta en cada banco, gestionada por separado

Es el esquema que se arma solo a medida que se abre cada mercado. Una cuenta para cobrar en dólares, otra local para pagar sueldos y proveedores, quizás una tercera en el país de un cliente grande.

Su ventaja es que cada cuenta funciona con las reglas conocidas de su banco. El costo aparece en la operación diaria: hay que entrar a cada banca en línea por separado, bajar los movimientos en formatos distintos y unirlos a mano para la conciliación. Con dos cuentas es manejable. Con seis, el saldo consolidado llega tarde y la decisión de convertir o esperar se toma a ciegas.

Modelo 2: un banco principal y transferencias internacionales

Concentrar la operación en un banco simplifica la relación y los trámites. A cambio, cada cobro del exterior viaja por la red SWIFT, donde pueden intervenir bancos intermediarios, y cada uno puede aplicar sus propios cargos. El banco receptor también puede descontar una comisión, de modo que lo acreditado puede quedar por debajo de lo facturado.

Si además hay conversión, el tipo de cambio puede llevar un margen sobre la cotización de referencia. Ese margen no figura como comisión independiente, pero reduce el monto convertido. En este modelo, tres hábitos limitan la pérdida:

  • Pactar con cada cliente la modalidad de gastos (OUR, SHA o BEN).
  • Revisar el tipo aplicado en cada liquidación, además de la comisión.
  • Registrar cuánto llega de cada cobro para medir la pérdida real por operación.

Modelo 3: una plataforma que conecta cuentas en varios países

El tercer modelo se apoya en infraestructura de pagos que abre cuentas en distintos países y las opera con una sola integración. Hay plataformas que permiten abrir cuentas bancarias internacionales sin constituir una sociedad en cada país, automatizar cobros y pagos por API y seguir cada movimiento en tiempo real desde un único panel.

Para el flujo de caja, la diferencia está en la visibilidad: los cobros se ven apenas se acreditan, en todas las cuentas regionales, y eso acorta la conciliación. Un repaso de las opciones para la tesorería en varias monedas en América Latina recuerda que las comisiones de la banca tradicional a veces superan el 5% del monto transferido. La contracara es técnica: hay que revisar si la plataforma ofrece API o solo interfaz web, y en qué divisas opera.

Cuándo conviene cada modelo de tesorería multidivisa

SituaciónModelo que suele encajar
Uno o dos mercados y pocos cobros al mesCuentas separadas
Relación sólida con un banco y volumen moderadoBanco principal con la modalidad de gastos pactada
Varios países, muchos cobros y pagos recurrentesPlataforma conectada por API
Ingresos y costos en la misma divisaCualquiera que permita mantener saldos en esa moneda

La última fila es la que más se pasa por alto. Si la empresa cobra y paga en dólares con plazos y montos parecidos, puede aprovechar lo que Bancolombia llama cobertura natural y convertir solo el excedente. Un exportador que compra insumos importados, por ejemplo, puede pagarlos con los dólares que cobra y llevar a moneda local nada más que lo necesario para sueldos e impuestos.

Qué preguntar antes de cambiar de modelo

  1. ¿Cuántas horas por semana se van en conciliar a mano?
  2. ¿Cuánto se perdió el último trimestre entre cargos de intermediarios y margen de cambio?
  3. ¿Qué cobro grande llegó con atraso y qué pago local hubo que cubrir con crédito por eso?
  4. ¿Qué integración técnica puede sostener el equipo sin depender de un proveedor externo?

Con esas respuestas, la comparación se reduce a una cuenta de días y de costos. Si la segunda pregunta no tiene respuesta, el primer paso es empezar a registrar lo que llega de cada cobro.

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